Uno de los problemas
a los cuales se enfrenta actualmente la tecnología Wi-Fi es la progresiva
saturación del espectro radioeléctrico, debido a la masificación de usuarios,
esto afecta especialmente en las conexiones de larga distancia (mayor de 100
metros). En realidad Wi-Fi está diseñado para conectar ordenadores a la red a
distancias reducidas, cualquier uso de mayor alcance está expuesto a un
excesivo riesgo de interferencias.
Un muy elevado
porcentaje de redes son instalados sin tener en consideración la seguridad convirtiendo
así sus redes en redes abiertas (o completamente vulnerables ante el intento de
acceder a ellas por terceras personas), sin proteger la información que por
ellas circulan. De hecho, la configuración por defecto de muchos dispositivos
Wi-Fi es muy insegura (routers, por ejemplo) dado que a partir del identificador
del dispositivo se puede conocer la clave de éste; y por tanto acceder y
controlar el dispositivo se puede conseguir en sólo unos segundos.
El acceso no
autorizado a un dispositivo Wi-Fi es muy peligroso para el propietario por
varios motivos. El más obvio es que pueden utilizar la conexión. Pero además,
accediendo al Wi-Fi se puede monitorizar y registrar toda la información que se
transmite a través de él (incluyendo información personal, contraseñas....). La
forma de hacerlo seguro es seguir algunos consejos:
§ Cambios
frecuentes de la contraseña de acceso, utilizando diversos caracteres,
minúsculas, mayúsculas y números.
§ Se
debe modificar el SSID que viene predeterminado.
§ Realizar
la desactivación del broadcasting SSID y DHCP.
§ Configurar
los dispositivos conectados con su IP (indicar específicamente qué dispositivos
están autorizados para conectarse).
§ Utilización
de cifrado: WPA2.
Existen varias
alternativas para garantizar la seguridad de estas redes. Las más
comunes son la utilización de protocolos de cifrado de
datos para los estándares Wi-Fi como el WEP, el WPA, o el WPA2 que
se encargan de codificar la información transmitida para proteger su
confidencialidad, proporcionados por los propios dispositivos inalámbricos. La
mayoría de las formas son las siguientes:
§ WEP,
cifra los datos en su red de forma que sólo el destinatario deseado pueda
acceder a ellos. Los cifrados de 64 y 128 bits son dos niveles de seguridad
WEP. WEP codifica los datos mediante una “clave” de cifrado antes de enviarlo
al aire. Este tipo de cifrado no está muy recomendado debido a las grandes
vulnerabilidades que presenta ya que cualquier cracker puede conseguir sacar la
clave, incluso aunque esté bien configurado y la clave utilizada sea compleja.
§ WPA:
presenta mejoras como generación dinámica de la clave de acceso. Las claves se
insertan como dígitos alfanuméricos.
§ IPSEC (túneles
IP) en el caso de las VPN y el conjunto de estándares IEEE 802.1X, que
permite la autenticación y autorización de usuarios.
§ Filtrado
de MAC, de manera que sólo se permite acceso a la red a aquellos
dispositivos autorizados. Es lo más recomendable si solo se va a usar con los
mismos equipos, y si son pocos.
§ Ocultación
del punto de acceso: se puede ocultar el punto de acceso (Router) de manera que
sea invisible a otros usuarios.
§ El
protocolo de seguridad llamado WPA2 (estándar 802.11i), que es una
mejora relativa a WPA. En principio es el protocolo de seguridad más
seguro para Wi-Fi en este momento. Sin embargo requieren hardware y software
compatibles, ya que los antiguos no lo son.
Sin embargo, no
existe ninguna alternativa totalmente fiable, ya que todas ellas son
susceptibles de ser vulneradas.